Una cita con el otorrinolaringólogo puede parecer sencilla vista desde fuera. El paciente llega, el médico lo examina, se utiliza el endoscopio y la consulta sigue su curso. Pero cualquiera que trabaje en un servicio de otorrinolaringología sabe que la visita propiamente dicha comienza mucho antes de que el paciente se siente en la silla.
Todo empieza por saber si se dispone del endoscopio adecuado, si se ha reprocesado, si está en la sala correcta, si el equipo confía en el proceso y si se puede atender al siguiente paciente sin que se sume otro pequeño retraso a una consulta que ya está a rebosar.
Por eso merece la pena plantearse la siguiente pregunta: ¿cuántos pasos hay que dar realmente para atender a un paciente de otorrinolaringología?
No se trata solo de pasos clínicos, sino de pasos del flujo de trabajo. El trayecto para buscar un endoscopio. El traspaso a otro equipo. La espera para el reprocesamiento. El traslado de vuelta a la clínica. El momento en que alguien se da cuenta de que el endoscopio que esperaban aún no está listo. Ninguno de estos momentos parece ser el problema en sí mismo, pero, en conjunto, marcan el ritmo de la jornada. Determinan si en una clínica se respira un ambiente de control o de caos.
Esto es importante porque los servicios de otorrinolaringología ya se encuentran bajo presión. El programa GIRFT del NHS de Inglaterra ha instado específicamente a que los servicios ambulatorios de otorrinolaringología se rediseñen en torno a un mejor aprovechamiento de la capacidad, una mejora del flujo de pacientes y formas de trabajo más eficientes. Al mismo tiempo, los pacientes de Inglaterra siguen enfrentándose a un sistema en el que el tiempo máximo de espera para un tratamiento no urgente a cargo de un especialista debería ser de 18 semanas, un objetivo que sigue suponiendo un auténtico reto operativo para muchas especialidades.
¿Pueden los profesionales sanitarios simplemente trabajar más rápido?
La respuesta no es pedir a los médicos y al personal de enfermería que simplemente trabajen más rápido. La mayoría ya lo hace. La pregunta más acertada es si el flujo de trabajo que les rodea les facilita la labor o, por el contrario, les supone un obstáculo silencioso en cada etapa.
La prevención de infecciones nunca puede considerarse opcional. Los dispositivos médicos reutilizables deben limpiarse, desinfectarse o esterilizarse adecuadamente, y su reprocesamiento debe ser un proceso detallado de varios pasos diseñado para reducir el riesgo de infección. El CDC también afirma que el material semicrítico para el cuidado de pacientes, que entra en contacto con las membranas mucosas o con la piel lesionada, debe someterse, como mínimo, a una desinfección de alto nivel. Por lo tanto, el objetivo no es eliminar los pasos importantes, sino eliminar los innecesarios.
Eficiencia en los flujos de trabajo
Aquí es donde la comodidad deja de ser un simple extra. Un flujo de trabajo cómodo no consiste en tomar atajos, sino en facilitar el seguimiento del proceso correcto, incluso en una consulta con mucha actividad. Cuando el equipo está cerca del lugar donde se presta la atención, el personal dedica menos tiempo a desplazarse, esperar, buscar y coordinarse. Cuando el proceso es sencillo, coherente y repetible, el equipo puede centrar más su atención en el paciente en lugar de en la logística que lo rodea.
UV Smart ya ha abordado esta cuestión más amplia en otras ocasiones, especialmente en artículos centrados en una rotación más rápida, unos flujos de trabajo más seguros y la importancia de diseñar la desinfección en función de la presión clínica real, en lugar de condiciones ideales. Este mismo tema aparece en el artículo de UV Smart sobre instrumentos médicos de otorrinolaringología, que relaciona la desinfección con rayos UV-C con la eficiencia operativa en los servicios donde se utilizan endoscopios con frecuencia a lo largo del día.
Para los servicios de otorrinolaringología, el UV Smart D60 es un ejemplo de cómo se puede rediseñar el flujo de trabajo en torno a la comodidad sin prescindir de la necesidad de una desinfección de alto nivel validada. En la UE, el D60 está destinado a la desinfección de alto nivel de las superficies externas de los dispositivos médicos invasivos sin conductos, tras su limpieza previa y su comprobación de acuerdo con el protocolo del fabricante. Está validado para lograr una desinfección de alto nivel en 60 segundos, funciona sin necesidad de un periodo de enfriamiento y permite la desinfección descentralizada, lo que reduce la necesidad de trasladar los dispositivos fuera de la consulta ambulatoria.
Es posible que este último punto sea el más importante. El futuro de la eficiencia en otorrinolaringología no vendrá determinado únicamente por un mejor equipamiento, sino por la reducción de los pasos innecesarios entre el médico, el dispositivo y el paciente. Cuando el endoscopio adecuado está listo, a mano y se gestiona mediante un flujo de trabajo en el que el equipo confía, la consulta en su conjunto se percibe de otra manera. Puede que el paciente nunca se dé cuenta de los pasos que han desaparecido, pero el departamento sí lo notará.
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